domingo, 8 de noviembre de 2015

Autonomía y coherencia personal

Autorregulación......

 Autonomía  y coherencia personal.....

 

Autonomía proviene del griego auto, que significa mismo, y nomos, que indica norma; esto es, regirse uno mismo por sus leyes.
Coherencia, es la correcta conducta que debemos mantener en todo momento, basada en los principios familiares, sociales y religiosos aprendidos a lo largo de nuestra vida.
La autonomía la podemos entender como un atributo que hace que las personas cumplan por sí mismas (sin necesidad de que alguien o algo los obligue), con lo que se espera de ellas. Las personas autónomas y responsables son también personas coherentes.





La coherencia puede ser vista como un atributo de la personalidad, que distingue a los ciudadanos participativos, respetuosos, responsables y maduros y que hace que sus actos se ajusten siempre a un conjunto ordenado y coherente de principios.
Si luego de seguir un proceso de maduración personal, gracias a la toma de conciencia moral, una persona advierte y aprecia la importancia de respetar y seguir la doctrina de los derechos humanos, es necesario—para ser responsable, autónomo y coherente—que esa persona guíe sus acciones de manera cotidiana según los principios de la doctrina de los derechos humanos.
 

 

Autonomía (del griego auto, "uno mismo", y nomos, "norma") es, en términos generales, la capacidad de tomar decisiones sin intervención ajena. Se opone a heteromancia. Es.Es un concepto moderno, procedente de la Filosofía y, más recientemente, de la Psicología. En el ámbito Filosófico se integra entre las disciplinas que estudian la conducta humana (Ética), mientras que en el ámbito de la Psicología cobra especial importancia en el estudio de la Psicología Evolutiva.  La autonomía es un concepto de la filosofía y la psicología evolutiva que expresa la capacidad para darse normas a uno mismo sin influencia de presiones externas o internas.La autonomía encarna el problema de cómo se comporta el hombre ante sí mismo y la sociedad. Se ha estudiado tradicionalmente en Filosofía bajo el binomio libertad-responsabilidad, de manera que su opuesto sería el binomio determinismo-irresponsabilidad. Los análisis sobre la libertad (o libre albricio, como se denomina dentro de la tradición cristiana) recorren la historia de la filosofía desde sus inicios, y cobran especial importancia a partir de la introducción de la noción de pecado durante la expansión del cristianismos. Eso explica que la cuestión de la libertad no haya sido analizada con la misma abundancia durante la antigüedad que durante las épocas posteriores.


Entendemos como coherencia la capacidad de actuar en armonía con las propias convicciones. Convicción, en el sentido que se utiliza, significa conciencia, por lo tanto coherencia es una actitud que permite relacionar el sistema de creencias de cada uno con la actuación personal. La coherencia es sólo un instrumento de la persona. Utilizarla bien o mal es el reto. La coherencia para ser generadora de actos virtuosos, tiene que cumplir dos condiciones: fundamentarse en la recta conciencia y ejercitarse en el valor de obrar. ¿Nos preguntaremos cómo se desarrolla la recta conciencia? La forma de hacerlo es aplicándola, ejercitándola. En otras palabras, la conciencia se forma utilizándola a partir del examen de los hechos cotidianos. Ese examen se realiza a la luz de nuestro sistema de creencias, las cuales deberían estar dirigidas al bien personal y de la colectividad. En el desarrollo de la coherencia se necesitan de cuatro grandes virtudes: la prudencia que nos dispone a discernir, en toda circunstancia, nuestro verdadero bien, y a elegir los medios rectos para realizarlos. Es la regla de oro de todo comportamiento que guía el juicio de la conciencia. Gracia a esa virtud, podremos superar las dudas en las situaciones concretas. Otra de las virtudes en juego es la justicia. Es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar al prójimo lo que es debido, disponerse a respetar los derechos de cada uno y establecer, en las relaciones humanas, la armonía que promueve la equidad, respeto a las personas y el bien común. Junto con la prudencia, es posiblemente la virtud más necesaria y probablemente la más ausente. Otra de las virtudes que influyen en la coherencia es la fortaleza. Expresa la capacidad para perseverar, resistir y ser constante en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza nos hace capaces de vencer el temor, incluso a la muerte y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones. La última condición virtuosa que contribuye a la coherencia y tal vez la menos valorada es la virtud de la templanza, que modera la atención al placer y vela por él equilibrio en el uso y provecho de los bienes creados, evitando todo exceso. Significa autocontrol, y es una condición necesaria para la honestidad y la discreción. 

 

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